lunes, 15 de agosto de 2011

LA HOMEOPATIA Y LA SALUD INTEGRAL. Por SUSANA AIKIN School of Homeopathy de Nueva York


      Nuestro concepto de salud está generalmente basado en la ausencia de enfermedad. Nos consideramos saludables porque no se nos diagnosticado una enfermedad concreta, o porque no presentamos síntomas aparentes de enfermedad: no tenemos fiebre,  infección, o hinchazón y dolor en las articulaciones, palpitaciones violentas en el pecho o cáncer. Mientras no tengamos que ir al médico, estamos saludables. Nuestra idea de salud está además limitada mayormente al cuerpo físico, con algunas excepciones de cuadros extremos mentales. Desde esta perspectiva, nuestro actual concepto de salud no sólo es negativo sino también limitado.

El ser humano es una unidad y todo lo relativo a esa unidad está inextricablemente relacionado e interconectado. La ausencia de síntomas físicos concretos no es suficiente para determinar el estado de salud de un individuo. Para sentirse realmente saludable es preciso contar simultáneamente con un nivel alto de vitalidad, con integridad emocional y fuerza espiritual.

En Homeopatía, la salud se define como libertad. Libertad física, emocional y mental, que le permita al ser humano desarrollar su destino y perseguir sus objetivos libremente. Samuel Hahneman, el fundador de la medicina homeopática, estableció que, “En el ser humano saludable, la fuerza vital gobierna libremente el organismo, manteniendo todas sus partes en funcionamiento armónico, tanto en las funciones como en las sensaciones, de modo que la mente dotada de razón pueda utilizar este organismo vivo y saludable para los fines más nobles de nuestra existencia”, (Organon, 9).

La tarea del homeópata es restablecer la armonía en todas las esferas del paciente, de forma suave y duradera, de modo que pueda reemprender su vida con la mayor plenitud y vitalidad posible. Por este motivo en la consulta homeopática no sólo se valoran los síntomas físicos del paciente, sino también su estado emocional y mental, su cuadro genético, su pasado traumático, y hasta sus sueños. Toda aquella información que le permita al homeópata obtener una idea completa del paciente es fundamental para llegar a recetar un medicamento que sea capaz de efectuar una cura profunda de la persona. El objetivo es seleccionar una sustancia homeopática que cubra todas las esferas del individuo.

 La falta de armonía que llamamos enfermedad se expresa tanto en los síntomas físicos como también en cuadros mentales y emocionales. Por eso, a la hora de una consulta de seguimiento, el homeópata no solo valora la resolución de los problemas físicos y emocionales, sino el correlativo incremento en el bienestar general del paciente, su nivel más alto de vitalidad, así como los cambios positivos que han ocurrido en su vida. Por ejemplo, en un paciente tratado con Lycopodium Clavatum, el homeópata espera que no sólo se le curen los síntomas de asma y de distensión abdominal, sino también que se modere su excesiva timidez social, a la vez que se atenúe su tendencia dominadora, bajo la cual esconde su gran complejo de inferioridad. En otro ejemplo, el paciente que recibe Arsenicum Album, no sólo deberá volver a la consulta presentando una mejoría de su ulcera sangrante, sino que también expresará que en general siente menos frío, duerme mejor por la noche y ya no tiene pensamientos obsesivos sobre la pobreza o la muerte. Así mismo, una paciente que ha recibido un tratamiento de Sepia Officinalis, no sólo verá regularizada su menstruación y mejorada su anemia y fatiga crónica, sino que también alegará llevarse mejor con su marido y con sus hijos.

Esto es lo que denominamos en homeopatía curación integral, aquella que ocurre en todas las esferas de un ser humano, reorganizando el funcionamiento equilibrado del organismo en su totalidad, y proporcionándole finalmente al paciente su potencial máximo de vigor y vitalidad.


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